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Secos y/o afrutados

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Los diferentes tipos de vinos blancos


Los vinos blancos han presentado en los últimos tiempos una notable evolución, tal vez debido a la calidad que han logrado dar algunas bodegas a sus productos. Tal es el caso de algunos vinos gallegos, como el vino albariño o los vinos de la denominación de origen Ribeiro, o el excelente vino verdejo de Rueda.


De esta forma, el vino blanco se ha convertido en un producto muy valorado por los entendidos y ha logrado alcanzar un lugar que hasta hace poco solo estaba reservado a los tintos.


Los vinos blancos jóvenes se fabrican generalmente a partir de uvas blancas de diferentes variedades, como la uva Godello, la Albariño o Chardonnay. Los diferentes tipos de vino blanco dependen del tipo de uva que se utilice para su fabricación, que determina su carácter afrutado, y del proceso de fermentación, que es el que determina la cantidad de azúcar que tiene el producto final. En función de esto, los vinos blancos pueden ser secos, semisecos o dulces.

 

El vino blanco seco


Los vinos blancos secos son aquellos que tienen un contenido en azúcar inferior a los dos gramos por litro. En su proceso de fabricación, la fermentación se deja llegar hasta el final, lo que explica el bajo contenido en azúcar. 


Es importante comprender que los vinos secos pueden ser afrutados o no, dependiendo del tipo de uva con el que esté fabricado. Así, el vino verdejo de Rueda es un vino seco con un marcado aroma frutal. Sin embargo, los vinos gallegos con uva godello o el vino albariño son vinos secos menos aromáticos y con un aroma mucho menos frutal.


Existen otras variedades de vinos secos, como los elaborados con uva chardonnay, que se sitúan en una posición intermedia entre los vinos afrutados y los que no lo son, por lo que encajan fácilmente con el gusto de muchos consumidores de vino blanco.

 

Los vinos blancos semisecos


Los vinos blancos semisecos contienen una cantidad de azúcar que oscila entre los quince y los treinta gramos por litro. Para conseguir estos valores es necesario detener el proceso de fermentación alcohólica del vino en el momento deseado. Son varios los procedimientos que se pueden seguir en una bodega para finalizar el proceso de fermentación. Lo más habitual es la utilización de procesos físicos, concretamente refrigerando la cuba en la que está fermentando el vino. 


La fermentación se puede detener también gracias al proceso químico que se origina cuando se añaden sulfitos a la cuba de fermentación.
Los vinos semisecos y semidulces suelen tener la temperatura óptima de consumo alrededor de los diez grados centígrados. 
Las propuestas de maridaje para los semisecos suelen combinarlos con platas de sabor suave, como pastas y arroces con salsas delicadas, con pescados blancos y con quesos que no tengan un sabor fuerte.

 

El vino blanco dulce


Los vinos blancos dulces son los que tienen un contenido en azúcar superior a los cincuenta gramos por litro. Esto implica que la fermentación del vino blanco, tal y como ocurre en el caso de los vinos semisecos, se ha de detener antes de que concluya.


No obstante, hay otras formas de conseguir aumentar el nivel de azúcar, como puede ser mediante la adición de mosto de uva sin fermentar al vino blanco. 
Algunas bodegas que fabrican este tipo de vinos dulces utilizan uvas secadas al sol para su elaboración. Estas uvas pueden dejarse secar al sol en la propia vid y retrasar la vendimia o bien pueden secarse al sol una vez vendimiadas. En ambos casos, el contenido en azúcar puede llegar a ser hasta un treinta y cinco por ciento superior al de la uva que procede de la vendimia convencional. Con ello, una vez finalizada la fermentación, el contenido en azúcar del vino obtenido alcanza los niveles deseados.


Las propuestas de maridaje para los vinos dulces suelen combinarlos con los postres, aunque también se pueden consumir con aperitivos ligeramente salados.

 

 

“Si bien la penicilina cura a los hombres, el vino les hace felices” - (Sir Alexander Fleming)

 

Secos y/o afrutados.

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